Desde hace muchos años al calor de las luchas estudiantiles y obreras por la equidad y la búsqueda de oportunidades y en contra de las injusticias y el charrismo, etc. me he dado cuenta que el llamado a liberar de su enajenación a las masas proclamada por las altas directrices se topaba casi siempre con el desánimo y la apatía de quien se suponía deberían responder de manera casi natural e inmediata al llamado a recuperar la conciencia perdida detrás de las campañas de pan y circo lanzadas por los detentadores del poder, de esos que no les importa que cambie el statu quo más allá de sus intereses.
Como es imposible dejar de ser quien se es de un día para otro, a veces una vida no basta, y menos cuando uno no se propone dejar de serlo, se encuentra uno con que hay otras maneras de luchar que no son tan acordes a la llamada “democracia participativa” pero que a veces dan mejores resultados.
Ayer me llegó una carta para firmar y repartir por Internet a “todos mis contactos” por el bien de “mis hijos y mis nietos” y hasta el infinito y más allá. Dicha petición me parece hace sentir a quien la envía y a los que la replican que esa es la forma de cambiar el estado de las cosas, en este caso tenía referencia a la cumbre del cambio climático que se celebró en Dinamarca y decía la misiva que tenía la intención de “presionar” a los poderosos el mundo, en verdad no creo que eso ejerza ninguna presión y en su caso no creo que les importe.
Como si a los ricos les importara eso, creo que a lo largo de la historia de la humanidad lo que importa a los menos es hacerse del poder y de la riqueza y de “todo aquello” que les haga sentir que la vida vale la pena vivirla, eso no es malo, lo malo es que la gran mayoría insista en que va a conmoverlos con firmar millones de veces cartitas que seguramente les servirán para reírse un rato.
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